María Saleme (Decires, 1995) maria_saleme.jpgescribió para una mesa de la feria del libro de 1993 una palabras sobre "el libro y el niño". Transcribo y comparto la parte final de ese artículo, que es de una agudeza propia de esta profesora:

"...El desarrollo de la actividad cognoscitiva se asienta en el niño particularmente sobre una relación muy especial con lo que lee. Y aunque no parezca, aunque ciertas normas acallen los motivos, subyace en el niño -por suerte- la exigencia del lector hacia el autor, la exigencia de congruencia. Por eso, entender que el niño es un infante y escribir para él, supo­nién­dolo poseedor de un mundo de imágenes e ideas de reducidas aristas es demolerlo. Pretender que ponga su esfuerzo en reconocer relaciones gramaticales, palabras fáciles y sueltas, implica un reduccionismo absurdo el cual, en el intento de convertirlo en "un niño tipo" lo despoja de su innata capaci­dad creadora.
Si lo conectamos con un material significativo, el es­fuer­zo tiene otro signo: el de la atracción que aquél ejerce. El niño no es un ser unidimensional; comprende la complejidad de las situaciones, quiere relacionarse con la realidad, no con su parodia. O si no, con la más pura ficción. ¿Por qué no las fuentes? ¿Por qué intermediar? ¿Qué hace suponer que un niño no entienda y ame los mundos de Shakespeare, Arguedas, Roa Bastos, Quiroga? ¿Por qué pensar que las versiones simpli­ficadas preservan a la niñez de una temida adultez?
Tocar la imaginación, desarrollar la sensibilidad o recuperarla devuelve al sujeto el sentido que parece que la educación ha perdido, porque encuentra vías posibles para comprender y comprenderse. La vacuidad creciente de los textos escolares y su pretensión de adiestrar y desarrollar habilidades no tienen nada que ver con la necesidad de educar para y en el cambio.
La queja que el escolar no lee ni quiere leer es genera­lizada. ¿No será que no quiere reforzar un sinsentido? ¿Qué impedimento hay -más allá de la moda o la censura- para que desde temprano entre en contacto con la producción cultural más auténtica?
Whitte en 1969 decía: cualquiera que escriba para los niños como si éstos fueran tontos, malgasta su tiempo. Si queremos conferirle dignidad al aprendizaje, entreguemos material de primer orden."